Limitación de mandatos, ¿un requisito democrático?

Limitación de mandatos, ¿un requisito democrático?

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Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional, embajador del PSOE en Roma a mediados de los 80 y actual presidente del Consejo Editorial del diario El Mundo, contó en cierta ocasión hace años su experiencia cuando tuvo la oportunidad de redactar el borrador de una Constitución para un país africano que accedía entonces a la independencia, y en el cual limitaba el mandato del Presidente.

Cuestionado por una representación de líderes de ese país, les expuso que los mandatos largos o sin limitación conducían a la dictadura y al fin de la democracia.
Pero no les convenció su argumento, sino que contraargumentaron que en países poco desarrollados, no hay mucha gente preparada para gobernar y, por tanto, no conviene poner trabas en la limitación del mandato cuando se trata de un gobernante competente, porque a la larga se perjudicaría al propio pueblo. Sobra decir que el Presidente tras prorrogar su mandato se convirtió en dictador vitalicio.

Reflexionaba de Esteban que no existía limitación en nuestro país y que se permite la reelección continuada de un político a su entender de forma equivocada, porque si no existía una cierta alternancia en los países democráticos, “la corrupción no tardaría en asomar su pico”.

Inmersos como estamos en el nauseabundo asunto de la trama de los EREs ilegales en nuestra región, las reflexiones del Sr. de Esteban se vuelven de rabiosa actualidad.

Porque cuando se alcanzan los 20 años de gobierno, como ocurre en la Junta de Andalucía o en el Ayuntamiento de Mairena, las actuaciones de Griñán (y antes Chaves) o de Antonio Casimiro nos llevan a pensar que realmente piensan que un cambio perjudicaría al pueblo porque no es lo suficientemente maduro como para darse cuenta que lo que realmente les conviene es que ellos gobiernen de por vida. Porque, claro, es impensable que nadie esté a sus alturas de gobernantes incontestables.

Claro está que esa pretendida infalibilidad les lleva a caminar sin temor aparente por esa cuerda floja que les supone la legalidad vigente, y como consecuencia, las acusaciones judiciales por corrupción o prevaricación terminan llegando.

¿Quién termina pagando el pato de esta falta de alternancia política?. Quien si no, los ciudadanos que ven cómo termina el dinero de todos yendo a parar al bolsillo de unos pocos o como la igualdad proclamada en nuestra Constitución pasa a convertirse en un indisimulado ejercicio de favorecimiento propio y de adictos.

Sobra decir que no se puede decidir por el pueblo a quién debe o no debe votar en cada elección democrática, pero sí podemos realizar un ejercicio de responsabilidad comprometiéndonos a limitar el tiempo en el poder de una persona para evitar que termine endiosándose y creyéndose alguien por encima de la verdad y la justicia. Obviamente todas estas cavilaciones son aplicables a cualquier partido político y a cualquier zona de la geografía, pero es en nuestro pueblo donde vivimos y lo percibimos.

Lo tenemos muy claro, y por eso proponemos una medida concisa en positivo, que obviamente seremos los primeros en asumir: limitar el mandato de un alcalde de Mairena a dos legislaturas, esto es, ochos años.