10 de Jul de 2020
Ricardo_Tajea - 150

El rollo de la Tajea. Junio13. Sin etiquetas


En el mundo que vivimos por desgracia se abusa (me meto yo también, abusamos) cada vez más, de generar un concepto rápido sobre las personas sin la conveniente reflexión y consideración. De “poner etiquetas” a la gente, vamos. Esta práctica lleva a cometer no pocas injusticias a consecuencia de los prejuicios que albergamos, aunque en muchos casos no seamos capaces de reconocerlos siquiera.

Complicado es nuestro cerebro porque aunque los hechos apunten en lo equivocado de esos juicios apresurados que realizamos, es realmente difícil que se rectifique en base a la mala costumbre de no pensar las cosas dos veces.
A estas alturas del artículo más de un lector o lectora se estará preguntando adonde quiero llegar con estas reflexiones sobre el comportamiento humano. Y es sencillo. Vienen a hacer referencia a las numerosas ocasiones que en los últimos meses me han dicho en el transcurso de una conversación un “no me esperaba yo que…”, un “no creía que…” o un “me ha sorprendido que…”.

Me refiero a las etiquetas que hayan podido ponerme a mí, junto a mis compañeros de grupo político en el equipo de gobierno de nuestro Ayuntamiento. Porque lo que vienen a decirme estas personas que se dirigen a mí con extrañeza es que por un dichoso sambenito no entraba en sus mentes que tuviéramos realmente la intención o la capacidad de acometer cuantas cosas positivas estamos haciendo por el bien de nuestro pueblo.

Ante esto, yo afirmo categóricamente que quien presuma de ser un mayor defensor de nuestro patrimonio natural, cultural, ecológico o patrimonial que lo demuestre con sus hechos, como hacemos nosotros. Quien pretenda tener una mayor sensibilidad y conciencia social, que lo exponga con sus acciones. Quien quiera tener un mejor talante de cercanía y escucha a los ciudadanos, que lo practique con el ejemplo y no solo de palabra.

«No me conformo a que exista quien se crea más social, más trasparente, o con mayor conciencia ecológica, solo porque diga representar unas siglas distintas a las mías, por el mero hecho de repetirlo machaconamente en discursos o escritos, por otro lado vacíos de contenido. El refranero popular pocas veces se equivoca: «obras son amores, que no buenas razones”