29 de Jul de 2021
Ricardo_Tajea - 150

El rollo de la Tajea. Febrero13.



 
Hace unos días tuve la oportunidad de ver la película “Lincoln”. Me llamó la atención cómo Spielberg había retratado al célebre decimosexto presidente norteamericano. Como un ser imperfecto alejado de la imagen idolatrada de su figura, como una persona valiente y fiel pero con sus miedos y flaquezas humanas.
Fue este mismo Abraham Lincoln quien dijo que se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Saco esta reflexión a la luz, en un momento crítico en cuanto la apreciación que tiene de la ciudadanía de sus políticos. Porque al igual que comparto plenamente la frase de Lincoln, también pienso que quien vulnera la ley, el corrupto, el que favorece a los afines y, en definitiva, cualquier persona con tareas políticas que no sirve enteramente al servicio público, normalmente termina siendo descubierto y tiene que pagar por sus acciones, sus malas acciones.

Es por ello, que lo primero que deberíamos tener claro todo ciudadano, es que la justicia no entiende de condición política a la hora de enjuiciar a los presuntos culpables de un delito. Eso es esencial para mantener la necesaria paz social, rota por tanto caso de corruptela, de enchufismo y de abuso de poder.

Repito, presunto. Porque lo que no termino de entender es que dependiendo de según sea un partido político u otro, existan distintos niveles de presunción de inocencia. Porqué hay quien concede certeza absoluta a unas fotocopias publicadas y exige dimisiones inmediatas, cuando ante la filtración en medios de comunicación de documentos oficiales prefiere callar y pedir se deje trabajar a la justicia.

No puedo entender que ante algunos bochornosos escándalos pasados no se llegaran a producir asaltos a sedes de partidos, y según sean unos u otros los colores políticos se produzcan o no movilizaciones populares.
Esa última palabra, popular, quizás debería haberla puesto entre comillas, porque pienso que ahí está la clave. Asaltos, movilizaciones y disturbios no son organizados de forma espontánea, hay quien los instiga con dos fines entiendo igual de perversos.

O bien un partido político acostumbrado al «todo vale» con tal de recuperar el poder, lo que ha generado en algunos casos puntuales coacciones, amenazas e, incluso, agresiones físicas. O bien personas que se consideran por encima del orden legal constituido, al margen de la democracia, que no entienden el sufragio universal como el medio pacífico que tenemos los españoles para poner o quitar de un cargo a quienes decidamos entre todos.

Esa es la verdadera cuestión que planteo. La justicia debe poner a cada uno en su sitio, claro que sí, pero no pretendamos buscar caminos más cortos que el marcado por la voluntad popular a través de las urnas.
Porque la única meta de ese atajo es la imposición de unos pocos o la anarquía total.
 


 

Un pensamiento en “El rollo de la Tajea. Febrero13.

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