17 de Abr de 2021

La mala costumbre

Imagine por un momento que en breve será nombrado alcalde o presidente. ¿Cómo se le queda el cuerpo?. Tendrá un honorable nombramiento por haber ganado legítimamente las elecciones. Piense ahora en la responsabilidad que caerá sobre sus hombros, responsabilidad de gobernar lo mejor que pueda y sepa hacer, lo que bien pensado no es moco de pavo. Esta responsabilidad seguro que le haría meditar bien cada una de las acciones a tomar, impulsando el mayor número posible de medidas innovadoras y buscando el máximo consenso con todos. Por otra parte, seguro tendría exquisito cuidado en la gestión del dinero público, así como en el control de su gobierno y administración. Todo, eso sí, con la ventaja de comenzar su mandato viniendo libre de compromisos que le permitirían gobernar sin ataduras.

Sin embargo, dado que el ser humano es animal de costumbres, es fácil acostumbrarse al poder en poco tiempo, y a la carga de la responsabilidad. Poco a poco, esto puede provocar cambios importantes en la forma de gobernar. El tropel de ideas y propuestas inicial realizadas con ilusión puede empezar a desinflarse. Los gastos mirados con lupa, podrían descuidarse haciéndose más la vista gorda en ellos. El estricto control sobre todas las áreas, no sería extraño que se delegara incluso en exceso.  Y aquellas ataduras realizadas por el camino comenzarían a estorbar.

Si el candidato gana cada vez que se presenta a elecciones, y no tiene absoluto cuidado, puede formarse una exagerada confianza por la impresión de que haga lo que haga, seguirá ganando. Y ahí es precisamente donde normalmente empiezan los problemas. Afortunadamente, una de las grandes ventajas de la democracia es la facilidad con la que permite cambiar a los dirigentes. Para renovar a los gobernantes en democracia, basta con que otro partido obtenga la mayoría suficiente en las siguientes elecciones. Es más, incluso aun saliendo el mismo partido que la vez anterior, si su dirigente es otro, también puede hablarse de cierta renovación. Sin embargo, esta facilidad para cambiar a los mandatarios que en teoría tiene el sistema, resulta en la práctica más difícil de materalizarse.

Por una parte, no es raro que el gobernante anterior vuelva a ganar las elecciones si se presenta de nuevo. Uno de los motivos más relevantes para que pase esto es el siguiente: Durante el transcurso del mandato, el gobierno va realizando distintas acciones, propias de sus competencias asignadas, como pueden ser contrataciones, construcciones, reformas, etc. De esta forma, si el dirigente se presenta a la reelección muestra como mérito propio las acciones realizadas, pudiendo hacer creer a la opinión pública que es su responsable directo. Es incluso posible que pueda parecer casi como si las hubiera pagado directamente de su bolsillo y que además con otro gobernante no se hubieran conseguido. Curiosamente, se cuida bien de que nunca se le vincule de las cuestiones que hubieran ido mal o que fueran manifiestamente mejorables.

Por otro lado, también puede darse la renovación mediante el cambio del candidato de un partido después de varias elecciones. Sin embargo, esta es una elección interna del propio partido, con lo que aquí no decide directamente el pueblo. Evidentemente, el peso interno del dirigente hace más que probable que su partido vuelva a elegirle. De esta manera, el mismo candidato puede presentarse indefinidamente, a no ser que por decisión propia elija no hacerlo. Tan frecuente es la cuestión, que existen países donde se establece un límite de mandato para repetición de los dirigentes como candidatos. Por poner un caso de ejemplo, este mecanismo se aplica en Estados Unidos, no pudiendo un gobernante ser reelegido en más de una ocasión.

A fin de cuentas como se dice por aquí: “la confianza da asco”, en concreto, la confianza de creer que se va a mantener en el sillón durante muchos años se haga lo que haga. No es necesario recordar cuantos casos lo corroboran en la vida política de ayer y hoy. Las noticias recientemente aparecidas en los medios generan, cuanto menos, una importante sombra de duda sobre si ha habido un exceso de confianza en la gestión pública de los dirigentes políticos de nuestro entorno. Mandatos marcados fuertemente por el continuismo y por la falta de renovación política durante casi un cuarto de siglo. Dicen los expertos, que en tiempos de crisis la dificultad de cambiar los gobiernos se reduce de forma muy significativa. Sólo queda esperar, por tanto, que así sea.

5 comentario en “La mala costumbre

  1. fran, creo que has hablado muy claro. no creo que antonio casimiro deje de presentarse como candidato porque no quiere perder sus privilegios a costa de los intereses comunes del mairena. saludos

  2. Al principio de este bloc hubo una frase impactante para mi personalmente, decia que los politicos eran como los pañales que si no se cambian acaban oliendo y opino que para este escrito es el mejor comentario.

    1. Efectivamente, es una frase célebre del escritor y crítico irlandés George Bernard Shaw (1856-1950). Este nobel de literatura era en ocasiones drástico pero gozaba de un pensamiento afilado, otra famosa suya reza: «Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber».

  3. No hay nada que me guste menos que un politico «de profesion», La política debe ser una vocación, no un empleo. Uno puede meterse en política, pero no tener como objetivo el vivir de la política.

    Si los políticos realmente quieren representar a los ciudadanos, deben de conocer en primera persona las preocupaciones reales de sus representados, y no vivir en una esfera al margen de la sociedad civil.

    Cuando uno entra en política (con cargo público de por medio), corre el riesgo de vivir para la política, de tener dedicación exclusiva a ello, de convertirse en un burócrata de partido, de no tener alternativa fuera del alto funcionariado y de pasar a ser una rémora de la sociedad; una rémora y no un servidor del bien común.

    La politica no es una carrera, ni una profesion y no debe de ser un fin por si mismo. Debe de ser el medio para la consecucion de fines mas elevados cuyo objetivo debe de ser el bien comun y no el personal, que es lo desgraciadamente sucede en la mayoria de los casos y que es lo nos esta ahogando.

    1. NO PUEDO ESTAR MAS DE ACUERDO CON TUS COMENTARIOS ALBERTO.
      A MI ME GUSTARIA AÑADIR UN TEMA Y ES EL SUELDO DE LOS ALCALDES, SEGUN TENGO ENTENDIDO HAY PROPUESTAS PARA REGULAR EL SUELDO DE ESTOS PERO NO HAY ACUERDO.
      LO IDEAL ES QUE CADA ALCALDE COBRE EN FUNCION DEL NUMERO DE HABITANTES DE SU MUNICIPO Y QUE POR EJEMPLO EL ALCALDE DE UN PUEBLO DE 3.000 HABITANTES COBRE MENOS DE UNO DE 30.000 Y QUE EL SUELDO ESTE REGULADO POR LEY.
      DIGO TODO ESTO PORQUE PARECE SER QUE AQUI CADA UNO VA A SU BOLA Y AL FINAL SE HA CREADO CADA UNO SU PROPIO REINO DE TAIFAS.

      SALUDOS.

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